lunes, 13 de marzo de 2017

Ultra del Bandolero 2017: la montaña mostrando su lado más feroz


   Sábado 4 de marzo, son las 8 de la mañana. Estoy en Prado del Rey para correr el Ultra Trail Sierras del Bandolero (UTSB). Discurre por la Sierra de Grazalema, que siendo en Cádiz, es la zona de España donde más llueve, algo que pudimos comprobar en nuestras propias carnes todos los locos que nos atrevimos a estar en la línea de salida. Yo estoy en la distancia "corta" denominada Bandolerita, de 87 km y 3900 m+. Nada más levantarme conecto el móvil para tener noticias de mis amigos Rubén DG y Rafa Bodi, que salieron la tarde de antes para hacer las 100 millas (166 km) y ha estado toda la noche lloviendo y con fuerte viento, lo cual nos tenía a todos preocupados. Lo primero que recibo son dos mensajes, uno de Diego diciéndome que Rubén se ha retirado y otro de Rafa informándome de que también se ha retirado y dándome unos consejos para mi carrera que comenzaba en 3 h. El principal es que lleve bastones porque el recorrido está impracticable, y por desgracia no los eché en la maleta, primer error del día. Además me informa de que les ha nevado en la parte más alta. Habían llegado a una sensación térmica de -14ºC debido al frío y el viento. Entro en Facebook y leo que ya van casi la mitad de retirados, uff. Estas noticias no son nada alentadoras y aumentan aún más mi preocupación, ya que las previsiones son de que caerá mucha agua durante todo el día. Salgo a la calle y el panorama es cuanto menos preocupante, la lluvia es intensa y hace viento frío. Ya en la línea de salida paso el control de material y chip y veo que están haciendo cola Elías y Paco, así que decido esperarlos. Les digo que con estas condiciones deberíamos hacer la carrera juntos. Por todos lados se ven caras de preocupación por la meteo que tenemos. Como salen muy tarde del control, nos colocamos casi los últimos en la salida, así que hacemos los primeros metros andando y toca ir tropezando y adelantando como podemos hasta alcanzar nuestro ritmo ideal.

   Ya fuera del pueblo, en un badén nos encontramos el primer arroyo de los muchos que tendremos que cruzar este día. Los que llevamos delante están todos parados haciendo fila para cruzar por el lado más estrecho, yo ni me lo pienso y sin disminuir la marcha cruzo por el medio pensando que es absurdo intentar no mojarse los pies, ya que tal cómo está el día los llevaremos siempre mojados. Sigo corriendo y compruebo que Paco me sigue pero no veo a Elías. Pienso que se habrá parado en el arroyo y más adelante nos alcanzará ya que vamos por una pista en descenso muy corrible donde es fácil adelantar. Pero parece que vamos demasiado rápido ya que pasan los km no nos alcanza. Sobre el km 6 pasamos por una zona con un gran charco así que vamos por el borde del camino, el cuál está con mucho barro y muy pisado, y por tanto es muy resbaladizo. Yo que llevo las zapatillas muy desgastadas, unas xodus 4 con cerca de 3 años y con más de 800 km y muchísimo desnivel (segundo error), resbalo e instintivamente me agarro a la alambrada que hay justo a mi derecha, con la mala suerte que es de alambre de espino y al levantarme del barro donde había caído, veo con horror que tengo la mano derecha ensangrentada. Me he hecho un corte profundo en el dedo índice y otros dos en el anular y no llevo nada para curar heridas en la mochila (tercer error). Decido liarme los dedos con el buff que llevaba para taparme el cuello en momentos de frío, lo aprieto bien y continuo. Llegamos a El Bosque, y solo paro en el avituallamiento para preguntar si tienen tiritas. No tienen nada de botiquín, así que sigo detrás de Paco. Estamos en el km 12 y llevamos 59 min de carrera.
A partir de ahora es cuando empieza la "fiesta". Comenzamos la subida por unos senderos alucinantes, con mucha vegetación, pero que con tantas horas de lluvia intensa parecen ríos literálmente, varias veces me dice Paco que debería haberme traído la GoPro porque aquello era espectacular, agua por todas partes, la vegetación con un intenso color verde y el sendero por el que íbamos era un río por el que bajaba el agua con toda su furia. Habría salido un vídeo épico.


   Comenzamos la dura subida al cerro Albarracín, con muchísimo barro y aquí ya empiezo a echar de menos unos bastones ya que me resbalaba muchísimo, pero es que no puedo ni hacer uso de mi mano derecha para agarrarme a las rocas y vegetación, la tengo cerrada aguantando el trapo que me tapa las heridas. Voy avanzado como puedo y en una ocasión un corredor que lleva bastones me extiende uno para que lo agarre y me ayuda a subir un tramo muy empinado y donde mis zapatillas resbalaban muchísimo, aunque solo lo puedo agarrar con la mano izquierda, gracias a su ayuda logro superarlo. Llegamos arriba y ahora toca la bajada, que es aún peor, muy empinada y llena de barro muy resbaladizo después de todos los que ya han pasado por allí. Vamos varios juntos y todos nos resbalamos y caemos en diversas ocasiones, yo en una caigo y me deslizo con mis posaderas sobre el barro descendiendo casi sin control varios metros como si fuera por nieve. Llevo el trapo que me tapa las heridas totalmente empapado y lleno de barro. Decido extremar las precauciones y Paco se me escapa, aunque consigo alcanzarlo más adelante en las zonas más corribles. A pesar de todo este panorama, he de decir que voy disfrutando de la carrera, corriendo sobre el agua como quien lo hace todos los días, sin preocuparme de mojarme los pies y alucinado con la naturaleza en su estado más salvaje.


 

   En otra bajada complicada se me vuelve a escapar Paco. Llego solo al avituallamiento de Llanos del Campo (km 25,5 y 1450 m+ en 3:14 h. El aparcamiento está lleno de coches y gente que me anima. Yo voy super animado y entro en el avituallamiento a toda pastilla. Pregunto si tienen tiritas y hay un médico que me dice que lo siga. Me lleva de vuelta al aparcamiento donde tiene el coche y allí empiezan a curarme a la intemperie y sin parar de llover. Me desinfectan, tapan las heridas con gasas y esparadrapo y luego las aíslan recortando dos dedos de guantes de látex. Encima me ponen mis guantes ya que a estas alturas va haciendo bastante frío. Entre las heridas y con tal presión en los dedos, no puedo hacer casi nada con la mano derecha que me queda prácticamente inútil y en el avituallamiento me tienen que ayudar a rellenar las botellas. Gracias a esos magníficos voluntarios que siempre nos ayudan con una sonrisa y que aguantaron estoicamente las inclemencias del tiempo. 


   Entre las curas y el avituallamiento estoy parado 15 minutos, lo que me deja helado y salgo del avituallamiento tiritando. Llevaba puesto una camiseta HG térmica y la chaqueta impermeable Salomon Bonatti, además llevaba otra térmica en la mochila, metida en una bolsa para que no se mojara. Debí ponerme la otra térmica (cuarto error) pero no habría podido solo, tal y como llevaba la mano. Además de que me cuesta pedir ayuda, pensé que cuando empezara a correr se me quitaría el frío. Aumento mi ritmo para entrar en calor, consiguiendo dejar de tiritar y adelantando a muchos corredores que me adelantaron antes. Pero en el momento que el desnivel aumenta y tengo que ponerme a andar, vuelvo a tiritar de nuevo. No consigo recuperarme del enfriamiento. Llego a El Boyar (km 32 y 2000 m+) en 4:28 h, donde hay muchos corredores parados avituallándose. Aquí como un mini bocata y como estoy helado y aquello no está cerrado, no paro mucho y continuo ya con ciertas dudas de seguir viendo que no entro en calor y que muchos se están retirando en este punto. Además la mano la tengo casi inútil, no puedo abrir las cremalleras de la mochila, no puedo agarrarme a nada, casi ni sacar las boquillas de las botellas flexibles Salomón cuando se hunden al ir bajando el agua, un Calvario.


   Pero aún me quedaba lo peor y es a partir de ahora cuando empieza mi verdadero calvario. Me quedan 12.5 km hasta Villaluenga pasando por Simancón, que con casi 1500 m de altitud, es el punto más alto de la carrera, donde la noche anterior nevó y aún quedaba algo de nieve a los lados del sendero. En esta subida es donde comienzan mis verdaderos problemas, ya que el fuerte viento y el agua nieve que caía, me deja totalmente helado y no paro de tiritar por mucho que intente correr, y además en muchos tramos era imposible hacerlo. En los Llanos del Endrinal el panorama era dantesco, la lluvia era torrencial, el viento fuerte y helado, y una niebla espesa solo dejaba ver las balizas que tenías delante de los morros. No hay sendero, vamos por encima del agua y la hierba, veo a un corredor que va muy decidido así que lo sigo hasta que me doy cuenta que no se ven balizas durante un buen rato, le pregunto si las ha visto y me dice que hace rato que no, pero que la salida de esta sierra tiene que ser en la dirección que vamos. En ese momento decido parar y cargar el track, que por suerte tuve la precaución de meter en mi reloj suunto ámbit 2, esto fue todo un acierto. No lo había cargado antes porque lo llevaba Paco y no quería gastar batería de más. El reloj me indica que vamos en dirección contraria, estoy parado y llueve intensamente, estoy tiritando mucho, le digo al otro que vamos mal y sigue emperrado en que es por donde va el, yo le enseño mi track y doy media vuelta, al fin decide seguirme y unos cientos de metros después encontramos balizas gracias a las indicaciones de mi suunto. Si no llego a llevar el track no se que habría pasado porque estaba ya al borde de la hipotermia, y creo que salvé a este compañero de lo que podría haber sido una desgracia. Después me dijeron que estuvimos allí arriba con una sensación térmica de -10º. Sigo ya con el track sin quitar del reloj, paso por una zona en la que el agua me llega sin exagerar hasta las rodillas, y aquí termino de helarme. Además, cada vez que pillo el viento de cara, se me mete a través de la capucha de la chaqueta Salomon Bonatti, lo cual me hace pasar más frío aun, y es que esta chaqueta tiene un gran fallo imperdonable, no se puede ajustar la capucha con unos elásticos como pasa con otros modelos, tampoco se puede ajustar a la cintura así que el aire también me entra por debajo. Nunca había probado la chaqueta en tremendas circunstancias, pero está claro que deja mucho que desear para la fama y el precio que tiene. Tiritando sin parar me viene a la cabeza el recuerdo de la corredora de ultras experimentada que murió de hipotermia en la Ultra Pirineu de 2013, entonces llamada Cavalls del Vent, y además pienso en mi hija y en que no hay necesidad de padecer tanto, ya que esto es un hobby para disfrutar, y aunque siempre se sufre en una ultra, lo de hoy es ya excesivo. Iba todo el rato diciéndome "esto es una locura". 


   Desde el Boyar rondaba por mi cabeza la idea de retirarme en Villaluenga, y después de este calvario ya terminé de tenerlo claro y en pleno Cerro del Simancón tomé la decisión y a partir de este momento solo pensaba en llegar a Villaluenga y terminar. Estos últimos kilómetros de bajada hasta Villaluenga fueron interminables, no paraba de tiritar, iba super lento porque ya no tenía motivación y porque el terreno cada vez era más técnico. Al fin llego a la temida bajada final al pueblo de Villaluenga, un zigzag sobre piedra mojada muy resbaladiza y con bastante desnivel. Hago esta bajada tan lento que me adelantan varios corredores.  En esta bajada normalmente se ve justo debajo de nuestros pies el pueblo con su plaza de toros en medio, pero ahora estamos dentro de la mismísima nube y no veo nada más que lo que tengo justo delante. Poco a poco se van escuchando los ladridos de perros que indican que el pueblo está cerca, y por fin salgo de la nube y puedo ver las casas y la plaza de toros que parece una piscina. Al fin pongo los pies en el asfalto de las calles del pueblo, que increíblemente están llenas de gente animándonos. Entre esto y que la temperatura es mejor, me da un subidón y recorro las calles a buen ritmo, ya bastante animado, incluso sonriendo a la gente que me miraban con cara entre administración y perplejidad de ver lo que estábamos haciendo. Es increíble como la gente vivía aquello y estaban en la calle a pesar de las inclemencias meteorológicas, si fuera en Almería no habría un alma en la calle. Casi se me olvida todo y después de entrar en el gran avituallamiento de Villaluenga continuo, pero lo pasé tan mal para llegar allí y me dije tantas veces que no continuaría, que me deje el orgullo para otra ocasión y con el simple hecho de parar mi reloj GPS , di por finalizada esta locura, a pesar de que las voluntarias me preguntaban por qué si tenía muy buena cara. Además, sabía lo que me esperaba después, con una dura subida a Grazalena y sabiendo que pronto se echaría la noche encima. Con lo cual me quedé en 45 km y 2700 m+ realizados en 7:25 h.
   En el avituallamiento de Villaluenga había estufas, que sobretodo a los que nos retirábamos nos venían de lujo para entrar en calor. Pienso que para los que seguían en carrera era peor pegarse a la estufa y luego continuar en el frío. En la siguiente foto se puede apreciar como el vapor de agua salía de la espalda de un compañero que estaba calentándose en una.




Así acabaron mis piernas y zapatillas 

   Aún así tengo que decir que disfruté bastante de correr bajo esas condiciones, corriendo por medio de auténticos ríos, con las zapatillas totalmente sumergidas en agua la mayor parte del tiempo, hasta esa parada que me enfrió. También decir que no me arrepiento de la decisión tomada y mis más sinceros respetos y reconocimiento a los que lograron acabar la carrera en semejantes condiciones, que fueron las peores que se han visto en toda la historia de la prueba según muchos, ya que aunque otros años también ha llovido mucho, algún año incluso más, este año el fuerte viento helado hizo que la sensación térmica bajara muchísimo. Y que decir de los que acabaron las 100 millas Bandoleras, muy grandes, aunque grandes han sido todos, hasta los que no acabamos, solo por intentarlo. Esto es otra gran experiencia que me llevo, y que me ha dado muchas lecciones para seguir mejorando como corredor de montaña. He aprendido mucho de mis errores cometidos y para la siguiente con condiciones tan adversas, estaré más preparado.
   Voy decir algo de todas las críticas que he leído sobre la organización, algunas hasta surrealistas. Muchos se quejan de que no se les comprobó el material obligatorio, salvo la manta térmica, ¿de verdad necesitamos que alguien nos mire si llevamos lo necesario para afrontar esta carrera, con las previsiones meteorológicas que había? creo que ya somos mayorcitos. También se han quejado de no haber parado la carrera, digo lo mismo, cada uno es ya mayor para saber si está preparado para seguir o retirarse, yo no necesito que nadie me retire, de hecho hubo un buen número de participantes que terminó, incluidos 3 amigos almerienses que son de secano como yo (Paco, Tito y Ángel), olé por ellos! aunque nos retiramos el 70 % de los participantes. Quizás los avituallamientos si fueron un poco más pobres que hace dos años cuando la corrí entera, o al menos esa fue mi impresión y la de más participantes. Lo que sin duda está fatal, es que los últimos se quedaran sin comida en el Boyar, pero eso más que culpa de la organización, es culpa de los "compañeros" egoístas que pasaron antes ya que algunos se echaron varios bocadillos en la mochila. Todas estas actuaciones son las que hacen que luego, si en una carrera a uno le apetece coger dos cosas porque tiene hambre, no pueda. Si tengo que poner un pero a la organización, es que para mi, y la mayoría, la carrera empieza muy tarde. Si empezara si quiera dos horas antes, tendríamos más horas de día para correr, y podríamos llegar más holgados a la hora a la que Chito se va de la meta, las 12 de la noche. Este año con condiciones tan adversas, fueron pocos a los que chito pudo recibir, ni siquiera la campeona de las 100 millas. Para muchos es una gran ilusión que este gran speaker nos reciba con su característico humor. Creo que comenzar un ultra a las 11 de la mañana no tiene sentido.
   Por último, dar las gracias a todos y cada uno de los voluntarios que nos trataron como a reyes, siempre dispuestos a ayudarnos en lo que fuera y con la sonrisa en la boca. En una carrera con las condiciones que se dio esta, es aún más elogiable la figura del voluntario, que está ahí altruistamente ayudando y aguantando el temporal, un aplauso por ellos.
   Sierra de Grazalema... !VOLVERÉ!

   Track en movescount hasta Villaluenga: http://www.movescount.com/es/moves/move145504359

7 comentarios :

  1. Respuestas
    1. Jajajaja. Gracias, no te haces una idea Chelo del frío que pasé.

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  2. Eres un campeón de pies a la cabeza.. pero cuídate más, que la adrenalina es adictiva y te puede jugar malas pasadas.
    Cuídate, un abrazo.

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  3. Cristobal montenegro13 de marzo de 2017, 23:35

    Una retirada a tiempo es una victoria, camoeon.

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  4. Enorme José, y en mi opinión, buena opción la de haber "llegado antes a tu propia meta", porque solo abandonan los que no participan. Arriesgar podría haber sido muy peligroso para tu salud. Espero que estés totalmente recuperado, un saludo.

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